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La meta de Mundo Azul: cero contaminación
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Dioxinas y Furanos Las dioxinas, cuyo nombre genérico
es policloro dibenzo-p-dioxinas (PCDD) son el nombre con el que se conoce
a un grupo de 75 compuestos formados por un núcleo básico
de dos anillos de benceno unidos por dos átomos de oxígeno
en el cual puede haber como sustitutos de uno a ocho átomos de
cloro. La dioxina más estudiada y más tóxica es
la 2, 3, 7, 8- tetracloro-dibenzo-p-dioxina, conocida comúnmente
como TCDD. Usos y fuentes de generación Las dioxinas y furanos no son producidos comercialmente, ni se les conoce ninguna utilidad o aplicación, aunque se forman de manera espontánea en un gran número de procesos industriales, principalmente de dos modos: Como un subproducto de procesos industriales
en los que interviene el cloro, por ejemplo en la producción
del plástico PVC, de plaguicidas y disolventes organoclorados.
La principal fuente de emisión de dioxinas en el agua son las descargas de la industria papelera que usa gas cloro para blanquear la pulpa con que se produce papel, tomando en cuenta que las dioxinas se forman al reaccionar el cloro con la lignina de la madera. Características fisicoquímicas Las dioxinas y furanos tienen varias características comunes: son muy tóxicos, son activos fisiológicamente en dosis extremadamente pequeñas; son persistentes, es decir no se degradan fácilmente y pueden durar años en el medio ambiente; son bioacumulables en los tejidos grasos de los organismos y se biomagnifican, esto significa que aumentan su concentración progresivamente a lo largo de las cadenas alimenticias. Por su persistencia pueden viajar grandes distancias siendo arrastrados por las corrientes atmosféricas, marinas o de agua dulce, y mediante la migración a larga distancia de los organismos que los han bioacumulado. Tal es el caso de ballenas y aves. ¿Cómo se expone el ser humano a las dioxinas y furanos? La principal vía de exposición de las dioxinas y furanos para los seres humanos es la ingestión de alimentos contaminados, especialmente carne y productos lácteos. La presencia de dioxinas y furanos en estos alimentos se debe a que el ganado consume forraje vegetal contaminado con estos compuestos bioacumulados en los tejidos grasos y leche de los animales, provenientes principalmente de la deposición y transporte atmosférico a grandes distancias desde las fuentes de emisiones atmosférica. Otras vías de exposición importantes en ciertas poblaciones incluyen:
Efectos adversos sobre la salud Exposición del feto, lactantes
y niños. La exposición a las dioxinas puede comenzar
desde la concepción. Es durante el desarrollo del feto, donde
la exposición a dioxinas puede ser mayor y los efectos más
dañinos. Las dioxinas pasan de la madre al feto a través
de la placenta. El mayor riesgo anomalías por presencia de dioxinas
se presenta durante las primeras nueve semanas de embarazo, mientras
los mayores defectos en el sistema nervioso central pueden ocurrir durante
los primeros cuatro meses del feto. Las dioxinas son del grupo de agentes
químicos que afectan el sistema endocrino, es decir, pueden entrar
a las células y obstruir, imitar o alterar las acciones de las
hormonas, pudiendo tener efectos negativos en el desarrollo neurológico,
reproductivo, conductual y en el sistema inmunológico. Esto último
puede propiciar que los niños contraigan más fácilmente
enfermedades infecciosas como bronquitis y enfermedades del oído.
Diversos estudios a largo plazo en distintas especies de animales (ratones, ratas y hamsters) han comprobado que las dioxinas pueden causar cáncer en distintas partes del organismo como hígado, pulmones, lengua, parte superior de la boca, nariz, glándula tiroides, glándula adrenal, en la piel de la cara y bajo la piel. Aunque la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) clasifica a las dioxinas y furanos como probables carcinógenos humanos (Clase B), la Agencia Internacional para la Investigación en Cáncer (conocida en inglés por sus siglas como IARC) que forma parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó en 1997 a la dioxina TCDD como carcinógeno en humanos. Otros efectos crónicos que puede provocar la exposición a altas dosis de dioxinas en la vida adulta de los humanos incluyen la alteración de funciones inmunológicas y endocrinas (hormonales), cloracné y se sospecha también que endometriosis. Situación Internacional Las dioxinas se encuentran en la lista de prioridades de la ONU para su eventual eliminación mundial y son parte de la agenda del Convenio sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes, que está negociándose desde 1998 y se espera estará listo para su firma en el 2001. Tanto científicos como organizaciones ambientalistas agrupados en la Red Internacional de Eliminación de Contaminantes Orgánicos Persistentes (conocida como IPEN por sus siglas en inglés) han señalado que es necesario adoptar el principio precautorio y cambiar el modelo convencional de regulación (que establece niveles de ingestión y de emisión al ambiente máximos de dioxinas) por una política preventiva que busque eliminar en lo posible las fuentes de generación de contaminantes. En el caso de las dioxinas y furanos, la opción es adoptar una política de selección de materiales y sustancias tóxicas usadas en los procesos industriales que prevenga la formación de dioxinas y promueva formas de producción limpia. Este nuevo enfoque lleva a la búsqueda de soluciones que permitan la sustitución de insumos, la sustitución de procesos industriales y la prohibición de ciertos materiales que puedan producir dioxinas, por ejemplo: Opciones frente
a las dioxinas y furanos El uso de solventes clorados puede ser sustituido
por otros solventes de solución acuosa. De igual modo, una política preventiva
llevaría a la prohibición de la incineración como
forma de tratamiento de residuos peligrosos, hospitalarios, domésticos
y de su quema como combustible alterno en hornos cementeros. Una opción a la incineración
de residuos peligrosos clorados como combustibles alternos en hornos
de cemento, es seguir usando gas y hacer más eficiente los procesos
de combustión. En lugar del uso extendido de PVC se puede
adoptar una política de reducción y en determinados usos
la eliminación de este material. En el caso de los plaguicidas químicos es posible sustituirlos, desarrollando formas de control ecológico de plagas, que incluyen el uso de insecticidas botánicos de menor riesgo, el uso de agentes de control biológico (insectos, parásitos, hongos) y el cambio de manejo de los cultivos, introduciendo variedades más resistentes, formas de fertilización que aumenten la diversidad biológica del suelo, rotaciones y asociaciones de cultivos, entre otras. La existencia de un creciente número de cultivos que se producen en la llamada agricultura orgánica, es decir sin el uso de fertilizantes químicos y de plaguicidas químicos demuestra que los obstáculos son más de carácter comercial y político que técnicos.
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