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Proyecto:
Impacto ambiental del turismo en playas
sobre las especies de aves marinas y playeras
 
 
   

Gaviota gris ( Larus modestus ), © Stefan Austermühle / Mundo Azul

Año de implementación: Noviembre 2003 hasta Enero 2004

Donante: ProNaturaleza

Director de Proyecto: Stefan Austermühle

Asistente de campo:
Andrea Luna Donoso

Locación: Playas Yumaque, La Mina y Supay, Reserva Nacional de Paracas

 

Objetivo:

Medir el impacto ambiental de la presencia humana sobre la diversidad y la densidad de especies de aves marinas y playeras

 

Metodología:

Se colectaron datos durante 22 días (9 horas por día) en 8 transectos de 100 metros cada uno, cada 15 minutos. Se colectaron datos sobre el numero de turistas presentes y el número de aves de cada especie en el transecto. Se tomaron un total de 8300 registros.

 

Resultados:

Rayadores negros ( Rynchops niger), © Stefan Austermühle / Mundo Azul

Las playas son utilizadas por aves marinas y de orilla como zonas de descanso y alimentación. La alimentación tiene lugar en la zona comprendida entre la línea de baja marea y la de marea alta – es la zona lavada por las olas donde viven los invertebrados marinos en la arena y donde los organismos marinos muertos se acumulan. La densidad de aves promedio en las playas sin presencia humana fue de 206 individuos por 100 metros de playa, la máxima densidad registrada fue de 2200 individuos por cada 100 metros de playa. Esto muestra la gran importancia de esta pequeña banda de hábitat para las aves marinas y de orilla.

La playa La Mina registró el mayor nivel de presencia humana, durante el 43 al 56% del tiempo de muestreo diario y con una densidad promedio de 8-9 personas por cada 100 metros.

La playa Yumaque mostró un uso intermedio por los visitantes, contando con presencia humana durante 18 a 31% del tiempo de muestreo diario y con una densidad de 5.6 a 15.4 personas por cada 100 metros.

Rayadores negros ( Rynchops niger), © Stefan Austermühle / Mundo Azul

El nivel mas bajo de uso se registró en Supay (mayormente pescadores artesanales) contando con presencia humana entre 14 a 40% del tiempo diario de muestreo y una densidad de 1.6 a 3.4 personas por cada 100 metros.

Para poder evaluar el impacto ambiental causado por la presencia humana sobre las aves, se sugirió determinar que el límite de cambio aceptable para la densidad de aves sea menor a 25%. Lo cual significa que nosotros pensamos que una reducción de 25% en la densidad promedio de aves sería aceptable para el manejo, asegurando su conservación a niveles sostenibles. Para la diversidad de especies nosotros sugerimos una reducción máxima de 10%.

Nuestros datos de campo muestran los siguientes resultados:

Bajo las actuales condiciones de uso la reducción de la densidad promedio es la siguiente:

  • 28.3 a 85.5 % en los transectos en La Mina cuando hay personas presentes.
  • 33.1 a 79.3 % en los transectos en Yumaque cuando las personas están presentes.
  • 50% a 64.9 % en Supay cuando las personas están presentes.

La reducción en las densidades máximas es aún mayor. La densidad máxima se reduce en:

  • 51.1 a 80.6 % en La Mina cuando hay personas.
  • 71.8 a 78 % en Yumaque cuando hay personas.
  • 17.3 a 33 % en Supay cuando hay personas.

La diversidad promedio de especies se reduce en:

  • 43 a 62.8 % en La Mina in la Mina cuando hay personas.
  • 10.4 a 55.4 % en Yumaque cuando hay personas.
  • 13 a 24.6 % en Supay cuando hay personas.

Todos estos valores son reducciones muy por encima a los límites de cambio aceptable. Grandes impactos (mayores al límite de cambio aceptable) ocurren cuando solo 1 persona por 100 metros de playa esta presente.

Gaviota de Franklin ( Larus pipixcan ) © Stefan Austermühle / Mundo Azul

Bajo estas condiciones – la estrategia presente de manejo del INRENA para disminuir el impacto del turismo velando para una distribución de los visitantes sobre más playas tendrá el resultado contrario – incrementando el impacto negativo.

La decisión de los gerentes del área protegido bajo estas condiciones se limita a escoger entre personas y aves, la coexistencia a niveles sostenidos parece imposible. Esto llevaría a la decisión de cerrar cierto número de playas completamente al acceso de humanos y sacrificar otras playas concentrando ahí a los visitantes, contando además en estas playas con un mejor manejo de residuos y basura, así como mejores servicios. Esta es la única manera en la que el impacto en general puede ser reducido.

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